A veces la realidad supera la ficción

Todo empieza como una película de Tarantino. El señor “M”, sentado en un taburete,
apoya un codo en la barra mientras se sujeta la cabeza. Con su otra mano hace girar
un botellín de cerveza alemana. Lleva la camisa medio desabrochada y la corbata
desajustada. Mira de reojo el reloj que hay colgado en una de las paredes del mugriento
bar y pregunta a un camarero obeso, indecoroso y con un parche que cubre su ojo
derecho por el mal funcionamiento del jodido relojito.
El gordo y feo camarero suspira, tal vez, aguantándose las ganas de romperle la cara a
su única fuente de ingresos de la mañana.
El señor “M” suda. Suda mucho.
De pronto, la puerta del local se abre con un molesto chirrido y el señor “M” dirige su
mirada hacia ésta.
La silueta de una mujer bajita y regordeta se dibuja bajo el umbral. El señor “M” sonríe.
Ya ha llegado.
La misteriosa señora acerca a la barra con paso firme. Lleva puesta una gabardina de
color gris y unas enormes gafas de sol cubren el rostro casi en su totalidad.
La mujer se sienta en un taburete al lado del señor “M” y deposita sobre la barra un
maletín de piel oscuro.
-¿Lo has traído?- Las palabras salen de los labios del señor “M”, ahora titubeante.
-Si. Aquí está todo.
-¿Las condiciones siguen siendo las mismas?
-bueno…tenemos que matizar algunos detalles.- El comentario de la mujer hiela la
sangre del señor “M”.
-¿Detalles?
-Si. Acerca de la forma de devolución del dinero.
El señor “M” empieza a ponerse nervioso. Sabe que es su oportunidad y seguramente no
vuelva a tener otra igual.
Deja de sujetar el botellín de cerveza alemana y dirige la mano hacia su bolsillo para
extraer un bolígrafo. Ha llegado la hora. La mujer saca unos papeles del maletín cuando,
sin dudarlo, el señor “M” clava el bolígrafo en el ojo de la mujer. Esta cae al suelo con
el rostro ensangrentado, momento que el señor “M” aprovecha para coger el maletín y
salir corriendo del establecimiento.
Corre mas de lo que jamás ha corrido en toda su vida, con el maletín bajo el brazo y
sonriendo. Se detiene en un oscuro callejón, se arrodilla y abre el maletín. Ahí está,
delante de sus ojos.
Saca del bolsillo de su pantalón un teléfono móvil y teclea con rapidez y nerviosismo.
Se lleva el teléfono a u oreja y espera a que alguien conteste al otro lado.
La respuesta no se hace esperar y el señor “M” informa.
-Lo tengo. Me he deshecho de la gorda Alemana y lo tengo ante mí. Creo que está todo.
Su interlocutor parece que está satisfecho y tras unos segundos en silencio el señor “M”
se despide.
-Gracias jefe. Nos vemos en el lugar de siempre para entregarle el maletín.
El señor “M” corta la llamada y recoge el maletín del suelo. Ya es suyo. Ha conseguido
el dinero de esos jodidos alemanes y ahora todo irá sobre ruedas. Su jefe, el señor
Aznar, sabrá dónde invertirlo para poder salvar la situación económica del país y él será
elogiado por su hazaña por todo el pueblo. Levantarán monumentos a su figura y le
concederán los más importantes premios y galardones.
La silueta del señor “M” se desvanece entre los vapores del oscuro callejón.
Se oye un disparo y el sonido de un cuerpo cayendo al suelo. Silencio. Una siniestra
figura a la que todos llaman “El banquero” recoge el maletín del suelo que ahora yace
sobre el cuerpo inerte del señor “M”. “El banquero” sube a un coche y desaparece.

 

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