Conociendo Suiza – Segunda Parte

Comenzamos la mañana despertándonos a las 08:00 horas para desayunar y poner rumbo a la estación Interlaken Ost para allí coger el tren que se dirige puntualmente al valle de Lauterbrunnen. El trayecto solo dura 20 minutos y una vez llegas allí te das cuenta de lo espectacular que puede llegar a ser la naturaleza. La mañana comenzó algo nublada y las casas derrochaban su carácter pintoresco, llenas de flores en sus terrazas y numerosas banderas de suiza acompañadas de su cantón. Lo increíble de este lugar es su valle “Lauter Brunnen” que significa “entre cascadas” y es que es uno de los valles más impresionantes de los Alpes. Se encuentra protegido de paredes rocosas y altos picos de montaña.

El valle también cuenta con el famoso restaurante giratorio Pitz Gloria escenario de película para James Bond, este está situado a una altura de 2970 metros y ofrece unas vistas a 40 picos y 20 glaciares suizos. Cuenta además, dando honor a  su nombre, con 72 cataratas impresionantes que caen de lo alto de las montañas al valle, prados verdes de ensueño colorean la base de este valle. Al llegar, decidimos tomar la ruta de un sendero camino a las famosas cataratas glaciares de Trümmelbachfälle, durante una hora recorrimos este precioso paraje y nos llamo la atención la soledad que allí se daba, solo nos cruzamos con tres personas y parecía que todo aquello nos pertenecía, fue impresionante. El valle cuenta con un helipuerto donde se pueden encargan excursiones para realizar panorámicas aéreas de los Alpes. También mucha gente se tiraba en paracaídas de lo alto de las montañas para caer en el valle.

Cuando llegamos a la entrada de Trümmelbachfälle adquirimos las entradas para entrar dentro, lo primero, te meten en un ascensor para dejarte dentro de la roca para poder admirar los diez saltos de agua que a la vista parecen escondidos pero una vez dentro compruebas lo salvaje de la caída de estas. Dentro hacía mucho frío, tenías que subir muchas escaleras y mojarte un poco pero mereció la pena.

Después regresamos al pueblo de Lauterbrunnen pero esta vez en autobús, necesitábamos descansar un poco. Al llegar allí decidimos parar a comer en la terraza de un restaurante-hotel. Pedimos una ensalada, una pizza de atún y un rösti con bacon y huevo, todo delicioso.

Una vez repuestas las fuerzas y el día clareado nos pusimos en marcha a la estación de trenes de Lauterbrunnen para llegar a Kleine Scheidegg y de allí tomar el ferrocarril cremallera dirección al Jungfraujoch, la estación de tren más alta de Europa. Subir al Jungfraujoch es caro pero lo que ofrece lo merece. Para llegar hasta aquí se puede llegar de dos maneras; una es subiendo desde Lauterbrunnen y la otra desde Grindelwald. Ambas salidas paran en la famosa estación Kleine Scheidegg. Con el Swiss Pass solo pagas las salidas desde esas estaciones, a nosotros el pase por la tarde nos costo 118 CHF por persona. Pronto se te olvida el gasto cuando el tren empieza a subir el valle y te deleita con unas vistas impresionantes del valle o de una descomunal pared de roca del Eiger.

Este trayecto tiene una duración de 55 minutos. Posteriormente toca la subida en el tren cremallera, viaje no apto para personas que sufran claustrofobia o problemas cardiacos puesto que durante una hora el tren sube por el interior de la montaña haciendo dos paradas de seguridad en las cuales puedes bajarte y asomarte a los miradores mientras tu cuerpo se acostumbra a la presión. Continuaremos en el siguiente post con la subida al jungfraujoch.

 

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