Sálvame, el nuevo entretenimiento para mucha gente

Son las cinco de la tarde y, tras cambiar varias veces de canal, no puedo evitar
detenerme en esa cadena que nos ofrece horas y horas de diversión a costa
de “informarnos” sobre las miserias de los personajes mas dispares de nuestra sociedad.
Un programa dispuesto a “salvarnos” del aburrimiento y la desidia.
Horas y horas de indecente entretenimiento administrado visual y auditivamente
sin ningún tipo de dosificación. ¡Es la hora del espectáculo!. Millones de personas
colocadas frente a sus televisores a la espera de “colocarse” de otra manera mucho
más emocionante. Me administran la primera dosis. Sin paños calientes. Directa a mi
cerebro.
Un señor que agita su teléfono móvil con satisfacción antes de transportarme a un nuevo
mundo de nuevas y maravillosas sensaciones.
El hijo secreto del marido de la cuñada de una señora que cantaba y que ya no lo hace
porque ha pasado a mejor vida se ha puesto en contacto con él.
Lo ha conseguido. Multiplico mi mejor orgasmo por mil y aún no ando cerca
de explicar lo que mi cuerpo experimenta tras oír la noticia. Escalofríos, miedo,
expectación.
Los datos se almacenan en mi cabeza intentando asimilar la “información” mientras, a
lo lejos, oigo a una señora mayor con el cabello excesivamente oxigenado vociferando
cual poseso, agitando sus brazos flácidos y reclamando algo de atención para aportar
datos nuevos a dicha “información”.
El silencio se apodera del plató y yo, expectante, no puedo más que esperar con ansia mi
siguiente “chute”, a cargo ésta vez de la señora mayor peinada como un miembro de los
Sex Pistols.
Tras captar la atención de todo el mundo, la señora afirma que la esposa del supuesto
adúltero ya conocía la existencia del retoño de su marido.
¡Bravo!.
Aplaudo desde mi sofá con las pocas fuerzas que me quedan tras la segunda dosis en
menos de cinco minutos.
Miro de reojo mi televisor y un señor bajito y regordete anuncia nuevos datos sobre el
tema a la vuelta de la publicidad.
No puedo resistirlo. Ha sido una dosis demasiado fuerte para ser mi primera vez.
Alcanzo el mando a distancia y con dificultad acierto a cambiar de canal una y otra vez.
No se exactamente si busco un programa en alguna otra cadena a modo de metadona o
si tal vez, debido al síndrome de abstinencia que mi organismo experimenta por llevar
varios minutos sin ver a la señora mayor gritando y dando saltitos en mi pantalla, busco
una experiencia mas fuerte.
Noto que mis fuerzas se desvanecen a medida que exploro un canal tras otro. Ya no
puedo ni pulsar los botones de mi mando a distancia. Desisto mientras mis ojos se
cierran y dejo caer el aparato al suelo, dispuesto a ver lo que sea que hagan en la cadena
seleccionada al azar.
Observo fugazmente el logotipo de un toro azul en la esquina superior derecha de
la pantalla y, tras recobrar brevemente las fuerzas, me incorporo en mi asiento para
escuchar lo que varios señores con trajes oscuros opinan sobre la decadencia de la
sociedad en la que vivimos por culpa de un zapatero y de varios albañiles.
No entiendo nada pero, tal vez, un poco de humor me ayude a calmar el “mono” y
desintoxicarme poco a poco para poder volver a hacer una vida normal.

 

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